sábado, 30 de julio de 2016

|Mi eterna sinfonía|


He reprimido mucho tiempo palabras que únicamente han conocido el papel sobre el que quedaron escritas, mientras buscaban ser escuchadas, mientras te buscaban a ti entre los caminos que nos separaron mucho antes de encontrarnos. Ahora ya no importa, pues supongo que ya es tarde para decir todo lo que un día callé mientras esperaba un atisbo de correspondencia. 

Y es que pasa que nuestras charlas quedan cada vez más distantes las unas de las otras y es grande el vacío que tengo de ti, como grande es la dicha que sería para mi poder abrazarte, sentir el dulce tacto de la piel de tu mejilla al contacto con mis labios o el de mis dedos deslizándose por tu pelo color castaño, al tiempo que mis ojos se pierden en tu mirada buscando ese trozo de mí que se quedó contigo desde el primer día.

No es plato de buen gusto verte sufrir por quienes no supieron apreciarte, mientras me doy cuenta de que no ocupo ni una pequeña parte de tus pensamientos. Casi resulta irónico ver como tú ocupas la mayor parte de los míos.

Recuerdo que alguien me enseñó una vez lo azaroso del amor, que llega solo, sin elegir hacia quien o en qué medida. Quizá sea eso lo que nos pasó a nosotros, solo que ambos perseguimos diferentes imposibles, por caminos también distintos.


Puede que lo mejor fuera dejar de soñarte y afrontar la realidad, pero me temo que la realidad es mucho menos bonita si tú no estás en ella. Es por eso que sigo y seguiré aquí, atascado en una eterna sinfonía de la cual eres protagonista, una sinfonía que por otra parte, ya he aceptado que no escuchare jamás.  

Firmado,
Un 22...