jueves, 31 de agosto de 2017

Unos minutos de calma...

A veces solo necesitamos que el tiempo cese y el mundo deje de girar por unos pocos minutos.
Minutos que nos permitan mirar atrás, para cerrar paréntesis, porque de poco sirve dejarlos abiertos.
Minutos en los que escribir más puntos y aparte, porque a veces es necesario. Minutos que nos dejen mirar a nuestro alrededor para escribir más comas, porque la vida no está hecha para pasarla a cámara rápida.
Y ¿por qué no echar un vistazo al horizonte? Tal vez descubramos por qué letra empezar nuestro próximo capítulo.

Yo tomo ese tiempo de la noche, del silencio a altas horas de la madrugada, cuando la ciudad descansa y mi mente se libera de las cadenas del día a día. Comparto ese tiempo con mis dudas, a las que doy salida a través de los folios y lo comparto con el baúl de recuerdos que es en realidad mi mente.

Sin embargo, la vida es un libro en blanco sobre el que escribir con tinta imborrable y como todo libro, éste también tiene un final, una última página.

La tinta seca rápido y por eso a veces viene bien desconectar por unos minutos, soltar el bolígrafo y pensar qué escribir a continuación, antes de que sea tarde y queramos cambiarlo.

domingo, 6 de agosto de 2017

- Toda historia merece ser contada -

Las personas somos como un libro, un libro que encierra cientos de historias. Algunas hablan de amor, otras de sufrimiento, pero nunca hay dos iguales. Increíble, ¿Verdad? Es por eso que todos guardamos un universo entero bajo nuestro pecho.

Por supuesto, toda historia merece ser contada, pero no todas las historias son bonitas, y no todas las personas están dispuestas a escucharlas. Las que sí, tienen una asombrosa capacidad de influir en universos ajenos, para bien o para mal y por supuesto, tampoco hay dos universos iguales.

Los hay con universos increíblemente bellos, en los que cada centímetro vale todo cuanto alguien pueda dar a cambio y aún así, no sería suficiente. De la misma forma, los hay con inmensas extensiones de universo pintadas de estrellas heladas, frías como escarcha y ajenas al resto de universos. Estos son los que mas sufrieron, pues esas estrellas fueron un día brillantes.

En el mío el caos se apoderó de todo, los planetas giran de forma aleatoria y los asteroides ya no siguen un rumbo fijo. Los astros colisionan a diario, destruyendo cada centímetro de esta inmensa masa estelar. Tal vez éste necesite un segundo Big Bang, para poner en orden las cosas.

No se, cuantas más vueltas le doy, más incapaz me siento de comprender los mecanismos que rigen ese complejo universo que con tanto celo guardamos entre las costillas; dudo que alguien pueda.

Sin embargo, a pesar de su incomprensible funcionamiento, sí hay algo que conocemos, y es aquello que da forma a las estrellas, planetas y demás astros de nuestro particular universo. Se trata de las decisiones, decisiones que tomamos a diario, cada hora incluso, muchas sin darnos cuenta y que cierran miles de puertas abriendo otras tantas, como si de las ramas de un árbol se tratara, abriendo y cerrando historias, pasando las páginas y moldeando poco a poco el entramado de galaxias que conforma todo cuanto nos hace ser quienes somos, pues a fin de cuentas, somos lo que decidimos ser.

Me pregunto qué soy yo, qué lugar ocupo en todo esto. Supongo que soy esclavo de todas esas historias, propias y ajenas, que trato de plasmar con mayor o menor acierto en folios, con el único objetivo de que el mundo las conozca, pues como ya he dicho, todos guardamos una infinidad de historias dentro y por supuesto, toda historia merece ser contada.