A veces solo necesitamos que el tiempo cese y el mundo deje de girar por unos pocos minutos.
Minutos que nos permitan mirar atrás, para cerrar paréntesis, porque de poco sirve dejarlos abiertos.
Minutos en los que escribir más puntos y aparte, porque a veces es necesario. Minutos que nos dejen mirar a nuestro alrededor para escribir más comas, porque la vida no está hecha para pasarla a cámara rápida.
Y ¿por qué no echar un vistazo al horizonte? Tal vez descubramos por qué letra empezar nuestro próximo capítulo.
Yo tomo ese tiempo de la noche, del silencio a altas horas de la madrugada, cuando la ciudad descansa y mi mente se libera de las cadenas del día a día. Comparto ese tiempo con mis dudas, a las que doy salida a través de los folios y lo comparto con el baúl de recuerdos que es en realidad mi mente.
Sin embargo, la vida es un libro en blanco sobre el que escribir con tinta imborrable y como todo libro, éste también tiene un final, una última página.
La tinta seca rápido y por eso a veces viene bien desconectar por unos minutos, soltar el bolígrafo y pensar qué escribir a continuación, antes de que sea tarde y queramos cambiarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario