viernes, 9 de junio de 2017

| La Generación Perdida |

   Quiero vivir sin condicionamientos, quiero poder elegir qué hacer con mi vida, quisiera tener una mínima opción de decidir por mi mismo sin que el sistema educativo, político o social, el dinero o unos números, marquen mi futuro.

   Y sí, hablo de números, pues en lo que nos habéis convertido. Nos calificáis con números en base a una serie de conocimientos que resultan inservibles, porque dime, ¿De qué le sirve a un informático ser conocedor del latín, una lengua muerta? O ¿Para qué necesita un periodista saber cómo hacer derivadas e integrales?

   El problema viene cuando se cruza la linea de lo que es cultura y lo que se convierte en un innecesario quebradero de cabeza para el alumno.
Dicen que somos la Generación Perdida, y lo dicen aquellos que tuvieron en su mano elegir qué hacer con su vida, mientras cientos, miles de jóvenes se ven obligados hoy en día a elegir entre opciones que otros han impuesto, en base a unos números que sólo sirven para hacer una criba, una criba en la que se pierden grandes médicos, periodistas, investigadores...

   Decís que estas nuevas generaciones están perdiendo las ganas de estudiar, que no se esfuerzan tanto como antaño hicieron otras y en vuestra ceguera, cada vez más personas quedan descontentas con este sistema que prioriza datos irrelevantes frente a personas, como si de máquinas se tratase...

   Puede que simplemente estéis buscando productividad en los que serán los trabajadores del día de mañana, productividad que os permita seguir manteniendo este sistema podrido de prejuicios, desigualdad y dependencia, mantenernos atados, con las cadenas del dinero y de las convenciones sociales.

   Habéis conseguido que las vidas se midan en productividad y no en momentos, habéis delimitado las vidas en etapas temporales. Esto nos lleva a que los jóvenes hoy en día no se independicen hasta llegada la treintena en el mejor de los casos, y a que el resto de sus vidas pueda resumirse en trabajar, cuidar de los hijos otros treinta años y jubilarse, por fin, tras haber sido esclavos del sistema durante unos sesenta años, por no hablar del hecho de haber condenado a una generación más a seguir el mismo camino.

   No se si podréis oirnos, pues es evidente que sólo escucháis el sonido del dinero, pero dudo que podáis callarnos, somos jóvenes cansados de una sociedad que impone sus criterios, cansados de que nos juzguen por calificaciones y no por méritos, cansados de vivir supeditados a lo que generaciones pasadas no supieron poner fin...