Llevaba un rato tratando de concentrarse en los apuntes que
tenía delante. Sin embargo, aquel era un día extraño.
Al mirar por la ventana de la biblioteca, había visto los
nubarrones que se desplazaban en su dirección, encapotando el cielo a su paso, mientras
éste, permanecía despejado por el lado opuesto.
Casi parecía irónico, pero al ver esos dos frentes, luchando
por ocupar el cielo, no pudo evitar sentirse identificado.
Afuera, en la calle, comenzó a escuchar la sirena de una
ambulancia. Tal vez iba en busca de los heridos contendientes que batallaban
dentro de él.
Pero tal como se acercaba el sonido, terminó por marcharse,
y en la biblioteca volvió a reinar el silencio.
Aquel era un día extraño
El viento arreciaba, golpeando con fuerza sus desordenados
pensamientos, dando bandazos a un lado y a otro, coordinados con el temblor de
las lamas de las persianas.
Y, sin embargo, allí, dentro de aquellas cuatro paredes, el
silencio se mantenía imperturbable, ajeno al ruido que le asediaba por dentro.
Se preguntó entonces cuántas de las personas que lo rodeaban
en ese momento, estarían guerreando con sus propios sentimientos.
En ese instante, pudo imaginar un montón de ruidosos
pensamientos, encerrados en la singularidad de las mentes de todas aquellas personas.
Visto así, parecían héroes, con todo ese peso a la espalda.
Y sin darse cuenta, de repente se sentía acompañado, como si
los aliados por fin hubieran llegado en su ayuda.
Quizá estaba delirando. Solo exageraba las cosas...
probablemente.
De nuevo, miró por la ventana. El cielo parecía despejarse y
el viento perdía fuerza.
Y es que después de todo, puede que aquel fuera un día
extraño, pero tenía mucho que contarle…
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