Tenía la mirada fija en mi, sin embargo, sabía que sus pensamientos estaban en otra parte...
Su cara había ido palideciendo mientras pasaban los minutos y sentía su mano cada vez más fría, de la misma forma lo notaba a él más distante. Vi su cuerpo controlado por una estremecedora quietud, cada vez tenía menos fuerzas...
Volví a mirarle directamente a los ojos y por primera vez en años sentí intranquilidad en ellos, vi su miedo.
De todas las personas en el mundo ¿Por qué a él? ¿Qué le hacía merecer este final? En ese momento pensé que si realmente Dios existe, tal vez se había olvidado de nosotros.
Volví de golpe de mis cavilaciones al ver como sus párpados comenzaban a cerrarse lentamente. Grité su nombre una vez, como si eso pudiera detener lo ineludible. Pronuncie de nuevo su nombre mientras notaba como su mano se soltaba de la mía, sin fuerzas.
Grité nuevamente pidiendo ayuda y los médicos llegaron rápidamente, sin embargo sus ojos ya se habían cerrado.
Trataron de reanimarle mientras contemplaba aterrorizada aquella máquina cuyo sonido se hacía cada vez más espaciado, ignorando el desesperado intento de salvarle la vida.
Llegado dicho momento, los médicos ya no podían hacer nada. De repente, sus labios se movieron y dijeron algo que nunca olvidare, por mucho tiempo que pase... «te quiero»
Las lágrimas afloraron de golpe un segundo después cuando el sonido del aparato se hizo constante, anunciando el final de la persona que más he querido y admirado en toda mi vida.
«Yo también te quiero» le dije mientras volvía a coger su mano ya inerte entre las mías. Mis lágrimas nublaron mi visión, al tiempo que me aferraba a su mano con más fuerza, como si eso pudiera devolvérmelo... como si aquello no fuera el final de todo...
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