Llevaba un rato sentado en la cama, haciéndose preguntas, buscando las respuestas entre aquellos folios, que sin embargo permanecían en blanco, reacios a colaborar con los sentimientos que trataba de expresar en tinta.
Son las cuatro de la mañana, un agradable silencio recorre la estancia, un silencio quebrantado únicamente por las voces en su cabeza, lo acaecido antes y lo que estaba por llegar.
Rendido un día más en su derrota frente a la vida, se dejó caer en la cama, buscando ser víctima de un profundo trance que le llevase tan lejos como fuera posible, tal vez para perderse o quizá para no darse la oportunidad de seguir pensando...
Unas horas después, el incesante sonar del despertador rasgó el velo de tan idílicos parajes y le trajo de vuelta a la realidad. Cerró los ojos, como si con ello pudiera detener el tiempo y evadirse de nuevo, sin embargo el bullicio urbano a primeras horas de la mañana le impidió emular tal sensación, devolviéndolo una vez más a la trifulca que se había formado en su cabeza la noche anterior.
Pocos minutos después se encontraba en pie frente al espejo, incapaz de ver nada más que un alma demacrada, un muerto en vida que de alguna u otra forma se encontraba de pie delante suyo. Se sorprendió a sí mismo permitiendo que una lágrima se deslizase por su mejilla, una lágrima por el recuerdo de quien solía ser...
Delegó el control de su cuerpo en su alter ego una vez más, mientras él se encerraba en la profunda oscuridad que habitaba en su pecho, ocultando tras esa máscara de falsas sonrisas al ser caduco en que se había convertido, quizás como protección frente al mundo, tal vez para proteger a los demás de su propio pesar...
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